Según nos recuerda la exhortación apostólica Christifideles Laici, “la formación de los fieles laicos se ha de colocar entre las prioridades y se ha de incluir en los programas de acción pastoral” (ChL 57). Asimismo, en los documentos más relevantes de HHTM se considera que la formación es un eje sustancial y por ello, próximamente, estará en marcha una Escuela de Líderes. La Doctrina Social de la Iglesia es piedra angular en Hermandades del Trabajo-Centro de Madrid. Por ello, se ha elegido un formador experto en el tema: D. Óscar Díaz Ruiz, Licenciado en Teología en Doctrina Social de la Iglesia y profesor de esta asignatura en la Universidad Católica de Valencia. También es licenciado en Administración de Empresas y responsable de las Hermandades del Trabajo del Centro de Valencia. Hablamos con él para que nos sitúe en los fundamentos y sentido de la DSI, cómo interpretarla en el mundo actual y como aplicarla en nuestro día a día.
Con el Plan Pastoral e Innovación Social 2021-2025, Hermandades de Trabajo de Madrid estableció como una de sus prioridades, la formación de militantes, dirigentes, consiliarios y nuevos militantes.
Pregunta. D. Óscar, ¿qué es la Doctrina Social de la Iglesia y para qué sirve hoy?
Respuesta. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI), es el conjunto de principios, criterios y orientaciones que la Iglesia Católica elabora, a lo largo del tiempo, para iluminar la vida social, económica, política, cultural y laboral, a la luz del Evangelio, teniendo como base la dignidad de la persona humana y su dimensión trascendente e integral. En una frase, podríamos decir que es la forma en que la Iglesia piensa y entiende la sociedad, ofreciendo caminos de justicia, caridad y paz para el conjunto de la sociedad.
La DSI surge en el contexto de la Revolución Industrial, a finales del siglo XIX, con la Rerum novarum, por lo que deberíamos iluminar los problemas actuales a la luz del mensaje de Cristo, aportando orientaciones para las decisiones personales y profesionales; construyendo sociedades más justas. No puede quedar en un simple conocimiento teórico: debe llevarnos a un compromiso social por los más vulnerables.
P. Según entendemos en Hermandades del Trabajo, la formación en el conocimiento de la DSI no ha de entenderse como un mero cursillo de información o charlas informativas. ¿Cómo se ha planteado este Curso?
R. La formación en DSI, como itinerario cristiano debe partir, en primer lugar, de nuestro conocimiento e integración en la vida eclesial. Por ello se plantean tres itinerarios formativos, que deben alentarnos a conocer y profundizar más y mejor en los documentos y propuestas que desde la DSI se potencian.
En un primer curso se plantea nuestro ser cristiano, es decir, la fundamentación de la vida cristiana y de todo apostolado que debe partir del Bautismo como puerta para la acción de los laicos en el mundo. Desde la conciencia de bautizados y su triple misión (sacerdotal, profética y regia), está llamado a impregnar en el mundo el ser otro Cristo.
En un segundo curso se plantean los elementos esenciales de la DSI, donde se permite un discernimiento tanto personal como comunitario de las distintas áreas de acción y la construcción de sociedades más justas; todo ello con una mirada ética frente a distintas propuestas que pueden reducir la visión íntegras del hombre. Nos queda un tercero. Y ello desde la visión de Hermandades del Trabajo, entendiendo la DSI como el centro de toda acción que desde Hermandades se presenta y buscando la formación de afiliados, militantes y dirigentes, con el fin de buscar criterios sólidos para la actuación para unir la fe que se celebra y la vida que compartimos con los desafíos de la sociedad contemporánea.

Óscar Díaz con el grupo que asistió al II Curso de Doctrina Social de la Iglesia. Foto: HHT Madrid
P. ¿Cuáles son los principios fundamentales de la DSI y qué significan en la vida cotidiana?
R. Los principios fundamentales de la DSI, se pueden agrupar en cinco puntos: dignidad de la persona humana, bien común, solidaridad, subsidiariedad y destino universal de los bienes. Todo ello implica que debemos tratar con respeto a todos, rechazando cualquier forma de explotación, buscando el equilibrio entre vida personal, social y económica. Para ello se nos invita a trabajar por el bien común, participando en iniciativas que mejoren la vida comunitaria (Hermandades del Trabajo, es un claro ejemplo de esa lucha por el bien común). Todo ello desde el acompañamiento y la denuncia (misión profética) de las injusticias, sin suplantar la libre iniciativa y la responsabilidad personal de cada uno y entidad que construyan lo que comúnmente se llama “sociedad civil”.
P. ¿Por qué la Iglesia habla de economía, trabajo, política y sociedad?
R. Lo hace porque la fe no solamente se puede vivir en los momentos de oración o celebraciones litúrgicas, sino que implica toda la existencia humana. El Evangelio tiene consecuencias sociales, no solo espirituales. La misión de la Iglesia es promover la justicia en todos los ámbitos de la sociedad, buscando la creación de un orden social justo. La “Iglesia”, no son solo los religiosos o jerarquía, la componen todos los cristianos que viven y trabajan en la sociedad, y la Iglesia como Madre y Maestra, nos acompaña en este camino.
P. Hablemos de lo práctico: ¿Qué dice la Doctrina Social de la Iglesia sobre el trabajo, los derechos laborales y la dignidad del trabajador?
R. La DSI entiende el trabajo como una realidad humana y espiritual. El trabajo es una participación en la obra creadora de Dios y es, como nos recuerda San Juan Pablo II en Laborem Exercens, parte esencial de la vocación humana. Por ello, el trabajo dignifica, desarrolla las capacidades del que lo realiza y construye una comunidad. Así, toda persona que trabaja tiene una dignidad que nadie puede suprimir: debe permitir a la persona que lo realiza y a su familia vivir dignamente.
En cuanto a los derechos laborales, el trabajo debe ser digno, estable y seguro, y permitir a la persona desarrollar todo su potencial. Uno de los criterios para medir esa dignidad es el salario que debe ser justo, y permitir el mantenimiento de la familia, y el acceso a la vivienda y el desarrollo de planes de ahorro; el derecho al descanso y la conciliación familiar y la capacidad de asociarse y buscar intereses compartidos; las prestaciones sociales de paternidad/maternidad y los distintos subsidios y el derecho a una pensión, son claves para el correcto desarrollo de la vida laboral.
P. ¿Cómo aborda la DSI las desigualdades sociales, la pobreza y la exclusión?
R. Partamos de esta frase de San Juan Pablo II: “La pobreza no es fruto del destino, sino de estructuras de pecado”. La pobreza no se puede ver como una fatalidad, son causas estructurales que es necesario conocer y transformar. En la base está la “pobreza injusta” que contradice el principio de la dignidad de la persona humana.

P. ¿Qué papel tienen la solidaridad y el bien común en la organización de la sociedad?
R Resumiéndolo mucho: sin solidaridad, el bien común queda vacío; sin bien común, la solidaridad se queda en buenas intenciones. Esto nos debe llevar a superar la indiferencia y transformarla en compromiso, en comunión.
P. ¿Cómo ilumina la Doctrina Social de la Iglesia los retos actuales: migraciones, ecología, tecnología o globalización?
R. El mundo técnico, globalizado y complejo solo será plenamente humano si se pone en el centro a la persona humana y su dignidad. La Iglesia no tiene recetas técnicas, pero ofrece una brújula para orientar todos los retos actuales de la sociedad. Propone la subsidiariedad frente al paternalismo, el abandono de todas las políticas sociales y económicas y poner la opción preferencial por los pobres en el centro de toda actuación. La globalización debe abandonar la cultura del descarte
Por Guadalupe Mejorado.
La entrevista de Óscar Díaz Ruiz ha sido previamente publicada en nuestra revista “A Hombros de Trabajadores”, N.º 27, febrero 2026, en papel y pdf digital.



